lunes, 31 de agosto de 2009

Suena: Oxygen - Colbie Caillat

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"Entiendo lo que es sentirse el ser más pequeño,
insignificante y patético de la humanidad
y lo que es sentir dolor en partes del cuerpo que ni siquiera sabías que tenías,
y da igual cuantas veces te cambies de peinado o a cuantos gimnasios te apuntes
o cuantos vasos de Chatone te tomes con las amigas
porque sigues acostándote todas las noches repasando todos los detalles
y preguntadote qué hiciste mal o qué pudiste malinterpretar,
y como puñetas en ese breve instante pudiste pensar que eras tan feliz,
a veces incluso logras convencerte de que él verá la luz
y se presentará en tu puerta.
Y después de todo eso, y aunque esa situación dure mucho tiempo,
vas a un lugar nuevo y conoces a gente que te hace recuperar tu amor propio
y vas recomponiendo tu alma pedazo a pedazo y toda esa época difusa,
esos años de tu vida que has malgastado, empiezan por fin a desvanecerse."

...Cayendo...
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Cuando el dolor pasa, ese dolor tan intenso
que te hace estremecer partes de tu cuerpo
que ni si quiera sabías que existían, llega la calma.

Llega el tiempo de reposo, reflexión, melancolía y soledad.
Tras superar esta etapa es cuando nos introducimos
en la superación de los hechos: sales con tus amigas,
te diviertes, y tus pensamientos se alejan
poco a poco del motivo principal de tu tristeza.


Llega el momento en el que ese motivo desaparece
y te sientes eufórica cuando lo recuerdas,
sientes el orgullo de haber superado tus miedos,
tus ilusiones, tus sueños en torno a él.
Y entonces llega el día.
El día en que te lo encuentras en una fiesta.


Baile, música y alcohol
se unen para celebrar algo con una razón poco definida.


Se produce un cruce de miradas
y entonces sientes el miedo atravesándote,
un estremecimiento que hace temblar todo tu cuerpo.


Él se acerca y te besa en la mejilla.


Esperas ese dolor, cierras los ojos fuertemente,
pero no ocurre nada.


Eres fuerte y te sientes segura de controlar la situación,
así que comienzas a disfrutar de todo.


Una copa, una mirada, un coqueteo...
un roce de manos, un baile, un paseo a la barra.


Se pierde entre la gente, tú lo observas y sin pensar lo sigues.


Ritmo frenético, música y movimiento.
Él mira atrás y te agarra de la mano.
Te acercas a él y te besa de nuevo en la mejilla.
Decides participar en el juego. Otro beso en la mejilla.


Una caricia, otro beso en la mejilla.
Y caes.


Pierdes el control.
Él te besa en la comisura, sus labios se deslizan
y tú rodeas su cuello y te pierdes en él.


Sus besos, su olor, los recuerdos, las promesas,
los buenos momentos... Y ya no puedes frenar.
Y una sonrisa, esa sonrisa.


Y no lo puedes evitar, sonríes.
Sabes que todo el trabajo esta perdido,
que volverán las malas noches, las sueños sin cumplir,
las ilusiones construidas en aire.
Pero sonríes.
...

3 comentarios:

Una soñadora dijo...

Sonríes...Si es que no hay más,nos gusta hundirnos una y otra vez ,para salir de nuevo siempre a flote.

Un beso.

InventandoMiPropioMundo dijo...

Pero, lo más importante es conseguir salir a flote. Somos más fuertes de lo que creemos. MUack

Sidel dijo...

Todas hemos vuelto a caer alguna vez en la tentación, pero como experiencia propia y sin que sirva de precedentes, te confesare que después de esas recaidas (les llamo así porque hay relaciones que son como una droga) he salido más fuerte y más segura que nunca y he descubierto que me he quitado un peso de encima por lo que había sufrido pensando en que jamás volvería a tenerle. La segunda vez ya no es tan intensa como la primera y se sale de ello con más "facilidad". No suelo arrepentirme de estas recaídas, lo hecho hecho esta y de todo se aprende...besos