Frenesí
Voy conduciendo por las calles oscuras
bañadas por las luces de las farolas
que se reflejan en los charcos que se esconden
en las orillas de las carreteras.
En la radio, suena la música,
no muy fuerte,
solo como melodía de fondo
que te acompaña
pero no molesta.
No canto como de costumbre,
tengo la mente concentrada
en el semáforo que está en rojo.
Verde, meto primera y acelero.
Hay un chico por la calle.
Segunda.
Lleva un chaleco rojo,
como el que tú siempre llevas.
Acelero.
Va corriendo a ritmo
en dirección a mi casa.
Hay un coche parado,
freno.
El chico gira a la derecha.
Meto primera y acelero.
Estoy segura, eres tú.
Segunda y acelero.
Te siento, estás ahí,
a dos pasos de mi
pero no consigo cogerte.
Giras a la izquierda,
calle peatonal.
Freno en seco,
giro a la derecha y aparco.
Saco las llaves del coche, cierro la puerta
Saco las llaves del coche, cierro la puerta
y las meto en los vaqueros.
Sigues corriendo, te veo a lo lejos.
Corro, corro, corro.
Casi te tengo,
grito tu nombre,
pero no te giras.
Corro, una zancada y otra más.
Alargo la mano
y agarro tu chaleco,
tropiezo y caigo al suelo.
Abro los ojos,
las lágrimas resbalan por mis mejillas,
mi pecho sube y baja frenético.
Pero, deslizo la mano sobre la cama
y un tacto suave tranquiliza mi corazón.
Giro la cabeza y ahí estás.
A mi lado, profundamente dormido.
La felicidad me llena,
me llena tanto que me entran ganas de gritar,
pero no lo hago.
Verte dormir,
es el mayor tesoro de todos.














