Mañanas..
Levantarme por la mañana,
entreabrir los ojos y ver la luz del día colándose
por los pequeños agujeros que hay en mi persiana.
Sonreír por el calor que siento bajos las mantas,
me siento segura y feliz de estar aquí tumbada.
Una nariz se funde entre mi pelo y al sentirla
una fuerte sensación recorre todo mi ser.
Cierro los ojos,
tu mano fluye a través de mi cuerpo,
segura, suave y sincera:
acaricia mi espalda, mi cuello y baja hasta mi ombligo.
Te quiero.
Abro los ojos rápidamente,
¿de dónde salen esas palabras? ¿de mi boca?
Parece que hubiera hablado sola
sin contar, en absoluto, con mi consentimiento.
Me giro para ver lo que dicen tus ojos,
pero están cerrados.
Hay tanta paz en tu rostro y en tu sonrisa,
que no puedo hacer otra cosa más que acurrucarme
y esperar un poco más a salir de ese paraíso efímero.


















